Lenin: 1902: ¿Qué hacer?
Subcapítulo I e) ENGELS SOBRE LA IMPORTANCIA DE LA LUCHA TEORICA
El ¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento fue escrito en ruso por Lenin entre el otoño de 1901 y febrero de 1902 y publicado por primera vez en marzo de 1902 como folleto aparte en Stuttgart.
Reproducimos el fragmento de la traducción al español del texto completo de ¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento, por la Editorial Progreso contenido en Lenin: Obras escogidas, tomo I, Editorial Progreso, Moscú, 1981, páginas 115-270. Que se halla también en Lenin: Obras Completas, tomo 6, Editorial Progreso, Moscú, 1981, páginas 1-203.
Este Subcapítulo ocupa las páginas 133 a 138 de la edición de Obras escogidas y las páginas 24 a 30 de la edición de Obras completas citadas.
Editado digitalmente para RED VASCA ROJA por José Julagaray, Donostia, Gipuzkoa, Euskal Herria a 8 de agosto de 1997.
Ver comentario de esta obra en nuestra Guía de Lecturas.
"Dogmatismo, doctrinarismo", "anquilosamiento del
partido, castigo ineludible por las trabas impuestas al pensamiento":
tales son los enemigos contra los cuales arremeten caballerescamente
en Rab. Dielo los paladines de la "libertad de crítica".
Nos alegra mucho que se haya suscitado esta cuestión, y
sólo propondríamos completarla con otra:
¿Y quiénes serán los árbitros?
Tenemos a la vista los anuncios de dos publicaciones. Uno es el
Programa de "Rabócheie Dielo", órgano
de prensa de la Unión de Socialdemócratas Rusos
(separata del núm. 1. de R.D.). El otro es el Anuncio
sobre la reanudación de las publicaciones del grupo Emancipación
del Trabajo. Ambos están
fechados en 1899, cuando "la crisis del marxismo" estaba
planteada a la orden del día desde hacía ya mucho
tiempo. ¿Y bien? En vano buscaríamos en el primero
de dichos documentos una alusión a este fenómeno
y una exposición definida de la actitud que el nuevo órgano
piensa adoptar ante él. Ni en este programa ni en los suplementos
del mismo, aprobados por el III Congreso de la Unión (Dos
congresos, págs. 15-18), se dice una sola palabra de
la labor teórica ni de sus tareas inmediatas en el momento
actual. Durante todo este tiempo, la redacción de R.
Dielo ha dado de lado los problemas teóricos, a pesar
de que preocupaban a todos los socialdemócratas del mundo
entero.
Por el contrario, el otro anuncio señala, ante todo, que
en los últimos años ha decaído el interés
por la teoría, reclama con insistencia que se preste una
"atención vigilante al aspecto teórico del
movimiento revolucionario del proletariado" y llama a "criticar
implacablemente las tendencias bernstinianas y otras tendencias
antirrevolucionarias" en nuestro movimiento. Los números
aparecidos de Zariá muestran cómo se ha cumplido
este programa.
Vemos, pues, que las frases altisonantes contra el anquilosamiento
de la idea, etc., encubren la despreocupación y la impotencia
en el desarrollo del pensamiento teórico. El ejemplo de
los socialdemócratas rusos ilustra con particular evidencia
un fenómeno europeo general (señalado también
hace ya mucho por los marxistas alemanes): la famosa libertad
de crítica no significa sustituir una teoría con
otra, sino liberarse de toda teoría íntegra y meditada,
significa eclecticismo y falta de principios. Quien conozca por
poco que sea el estado efectivo de nuestro movimiento, verá
forzosamente que la vasta difusión del marxismo ha ido
acompañada de cierto menosprecio del nivel teórico.
Son muchas las personas muy poco preparadas, e incluso sin preparación
teórica alguna, que se han adherido al movimiento por su
significación práctica y sus éxitos prácticos.
Este hecho permite juzgar cuán grande es la falta de tacto
de Rab. Dielo al lanzar con aire triunfal la sentencia
de Marx: "cada paso del movimiento efectivo es más
importante que una docena de programas". Repetir estas palabras
en una época de dispersión teórica es exactamente
lo mismo que gritar al paso de un entierro: "¡Ojalá
tengáis siempre uno que llevar!" Además, estas
palabras de Marx han sido tomadas de su carta sobre el Programa
de Gotha, en el cual censura duramente el eclecticismo
en que se incurrió al formular los principios: si hace
falta unirse -escribía Marx a los dirigentes del partido-,
pactad acuerdos para alcanzar los objetivos prácticos del
movimiento, pero no trafiquéis con los principios, no hagáis
"concesiones" teóricas. Tal era el pensamiento
de Marx, ¡pero resulta que entre nosotros hay gente que en
nombre de Marx trata de aminorar la importancia de la teoría!
Sin teoría revolucionaria tampoco puede haber movimiento
revolucionario. Jamás se insistirá bastante sobre
esta idea en unos momentos en que a la prédica de moda
del oportunismo se une la afición a las formas más
estrechas de la actividad práctica. Y para la socialdemocracia
rusa, la importancia de la teoría es mayor aún,
debido a tres circunstancias que se olvidan con frecuencia. En
primer lugar, nuestro partido sólo empieza a organizarse,
sólo comienza a formar su fisonomía y dista mucho
de haber ajustado sus cuentas con las otras tendencias del pensamiento
revolucionario que amenazan con desviar el movimiento del camino
justo. Por el contrario, precisamente los últimos tiempo
se han distinguido (como predijo hace mucho Axelrod a los "economistas")
por una reanimación de las tendencias revolucionarias no
socialdemócratas. En estas condiciones, un error "sin
importancia" a primera vista puede tener las más tristes
consecuencias, y sólo gente miope puede considerar inoportunas
o superfluas las discusiones fraccionales y la delimitación
rigurosa de los matices. De la consolidación de tal o cual
"matiz" puede depender el porvenir de la socialdemocracia
rusa durante muchísimos años.
En segundo lugar, el movimiento socialdemócrata es internacional
por naturaleza. Esto no significa únicamente que debamos
combatir el chovinismo nacional. Significa también que
el movimiento incipiente en un país joven sólo puede
desarrollarse con éxito a condición de que aplique
la experiencia de otros países. Y para ello no basta conocer
simplemente esta experiencia o limitarse a copiar las últimas
resoluciones adoptadas; para ello es necesario saber enfocar de
modo crítico esta experiencia y comprobarla uno mismo.
Quienes se imaginen cuán gigantescos son el crecimiento
y la ramificación del movimiento obrero contemporáneo
comprenderán cuántas fuerzas teóricas y cuánta
experiencia política (y revolucionaria) se necesitan para
cumplir esta tarea.
En tercer lugar, ningún otro partido socialista del mundo
ha tenido que afrontar tareas nacionales como las que tiene planteadas
la socialdemocracia rusa. Más adelante deberemos hablar
de los deberes de índole política y orgánica
que nos impone esta tarea de liberar a todo el pueblo del yugo
de la autocracia. Por el momento queremos señalar únicamente
que sólo un partido dirigido por una teoría de
vanguardia puede cumplir la misión de combatiente de vanguardia.
Y para que el lector tenga una idea concreta, por poco que sea,
de lo que esto significa, que recuerde a precursores de la socialdemocracia
rusa como Herzen, Belinski, Chernyshevski y a la brillante pléyade
de revolucionarios de los años 70; que piense en la importancia
universal que está alcanzado ahora la literatura rusa;
que... ¡pero basta con lo dicho!
Aduciremos las observaciones hechas por Engels en1874 a la significación
de la teoría en el movimiento socialdemócrata. Engels
reconoce tres formas de la gran lucha de la socialdemocracia,
y no dos (la política y la económica) -como
es usual entre nosotros-, colocando también a su lado
la lucha teórica. Sus recomendaciones al movimiento
obrero alemán, ya robustecido en los aspectos práctico
y político, son tan instructivas desde el punto de vista
de los problemas y las discusiones actuales que el lector no nos
recriminará, así lo esperamos, por reproducir un
extenso fragmento del prefacio al folleto Der deutsch Bauernkrieg,
que desde hace ya mucho es una rareza bibliográfica.
"Los obreros alemanes tienen dos ventajas esenciales sobre
los obreros del resto de Europa. La primera es que pertenecen
al pueblo más teórico de Europa y han conservado
en sí ese sentido teórico, casi completamente perdido
por las clases llamadas "cultas" de Alemania. Sin la
filosofía alemana que le ha precedido, sobre todo sin la
filosofía de Hegel, jamás se habría creado
el socialismo científico alemán, el único
socialismo científico que ha existido alguna vez. De haber
carecido los obreros de sentido teórico, este socialismo
científico nunca hubiera sido, en la medida que lo es hoy,
carne de su carne y sangre de su sangre. Y demuestra cuán
inmensa es dicha ventaja, de un lado, la indiferencia por toda
teoría, que es una de las causas principales de que el
movimiento obrero inglés avance con tanta lentitud, a pesar
de la excelente organización de algunos oficios, y de otro,
el desconcierto y la confusión sembrados por el proudhonimso,
en su forma primitiva, entre los franceses y los belgas, y en
la forma caricaturesca que le ha dado Bakunin, entre los españoles
y los italianos.
"La segunda ventaja consiste en que los alemanes han sido
casi los últimos en incorporarse al movimiento obrero.
Así como el socialismo teórico alemán jamás
olvidará que se sostiene sobre los hombros de Saint-Simon,
Fouirier y Owen -tres pensadores que, a pesar de del carácter
fantástico y de todo el utopismo de sus doctrinas, pertenecen
a las mentes más grandes de todos los tiempos, habiéndose
anticipado genialmente a una infinidad de verdades cuya exactitud
estamos demostrando ahora de un modo científico-, así
también el movimiento obrero práctico alemán
nunca debe olvidar que se ha desarrollado sobre los hombros del
movimiento inglés y francés, que ha tenido la posibilidad
de sacar simplemente partido de su experiencia costosa, de evitar
en el presente los errores que entonces no había sido
posible evitar en la mayoría de los casos. ¿Dónde
estaríamos ahora sin el precedente de las tradeunions y
de la lucha política de los obreros franceses, sin ese
impulso colosal que ha dado particularmente la Comuna de París?
"Hay que hacer justicia a los obreros alemanes por haber
aprovechado con rara inteligencia las ventajas de su situación.
Por primera vez desde que existe el movimiento obrero, la lucha
se desarrolla en forma metódica en sus tres direcciones
concertadas y relacionadas entre sí: teórica, política
y económico-práctica (resistencia a los capitalistas).
En este ataque concéntrico, por decirlo así, reside
precisamente la fuerza y la invencibilidad del movimiento alemán.
"Esta situación ventajosa, por una parte, y, por otra, las peculiaridades insulares del movimiento inglés y la represión violenta del francés, hacen que los obreros alemanes se encuentren ahora a la cabeza de la lucha proletaria. No es posible pronosticar cuánto tiempo les permitirán los acontecimientos ocupar este puesto de honor. Pero, mientras lo sigan ocupando es de esperar que cumplirán como es debido las obligaciones que les impone. Para esto, tendrán que redoblar sus esfuerzos en todos los aspectos de la lucha y de la agitación. Sobre todo los jefes deberán instruirse cada vez más en todas las cuestiones teóricas, desembarazarse cada vez más de la influencia de la fraseología tradicional, propia de la vieja concepción del mundo, y tener siempre presente que el socialismo, desde que se le ha hecho ciencia, exige que se le trate como tal, es decir, que se le estudie. La conciencia así lograda, y cada vez más lúcida, debe ser difundida entre las masas obreras con celo cada vez mayor, y se debe cimentar cada vez más fuertemente la organización del partido, así como la de los sindicatos..
.
"... Si los obreros alemanes siguen avanzando de este modo,
no es que marcharán al frente del movimiento -y no le conviene
al movimiento que los obreros de una nación cualquiera
marchen al frente del mismo-, sino que ocuparán un puesto
de honor en la línea de combate; y estarán bien
pertrechados para ello sí, de pronto, duras pruebas o grandes
acontecimientos reclaman de ellos mayor valor, mayor decisión
y energía".
Estas palabras de Engels resultaron proféticas. Algunos
años más tarde, al dictarse la Ley de excepción
contra los socialistas, los obreros alemanes se vieron de improviso
sometidos a duras pruebas. Y, en efecto, los obreros alemanes
les hicieron frente bien pertrechados y supieron salir victoriosos
de esas pruebas.
Al proletariado ruso le esperan pruebas inconmensurablemente más duras; tendrá que luchar contra un monstruo, en comparación con el cual parecer un verdadero pigmeo la Ley de excepción en un país constitucional. La historia nos ha impuesto ahora una tarea inmediata, que es la más revolucionaria de todas las tareas inmediatas del proletariado de cualquier otro país. El cumplimiento de esta tarea, la demolición del más poderoso baluarte no sólo de la reacción europea, sino también (podemos decirlo hoy) de la reacción asiática, convertiría al proletariado ruso en la vanguardia del proletariado revolucionario internacional. Y tenemos derecho a esperar que conquistaremos este título de honor, que merecieron ya nuestros predecesores, los revolucionarios de los años 70, si sabemos infundir a nuestro movimiento, mil veces más vasto y profundo, la misma decisión abnegada y la misma energía que entonces.